Allá por los años 80´s, un joven becario arribo de pronto a los estudios de animación más populares del mundo. Su talento era tan especial como a contracorriente e innovador, sus trabajos parecían venir de un mundo totalmente distinto al conocido: oscuro, gótico, habitado por monstruos y calabazas, por científicos locos y figuras cadavéricas. A los de la compañía no les gustaron sus dibujos, dijeron que sus diseños eran “como animales muertos en la carretera”. A él, tampoco le satisficieron, su trabajo allí no era lo que soñaba. Hoy, Tim Burton, el dibujante, director, productor y escritor nacido el 25 de agosto de 1958 en Burbank, California, es un consagrado cineasta gracias a ese universo creativo tan peculiar despreciado años atrás por Walt Disney.
El primer contacto que tuve con la obra de Tim Burton fue más o menos por el ‘93, que fue cuando se desató la fiebre del hombre murciélago gracias a sus cintas “Batman” y “Batman Vuelve”. Por aquel tiempo, mi hermano y yo coleccionábamos las figuras de acción y nos gastábamos nuestros domingos en comprar las estampitas del álbum de Batman. Cuando mi papá nos llevó a ver las películas al cine, yo salí tan emocionada que después de haber visto la última, alucinaba pensando que en cualquier momento podía salir el Pingüino con todo y su patomóvil de alguno de los oscuros túneles de la cuidad de México. Desde ese momento quede enamorada de la estética seguida por las películas de Tim Burton, claro esta que a los escasos siete años que tenia en ese entonces no tenía ni idea de quién había hecho aquel largometraje, sin embargo, fue un estilo que me engancho por completo.
Coincidencia o no, años más tarde, cuando ya vivía en Durango, ví otra más de Burton: “La gran aventura de Pee-Wee”. Después vinieron “Beetlejuice”, “Mars Attacs!”, “Edward Scissorhands”, y en la Navidad del ’99, mi favorita: “Pesadilla antes de Navidad”. Años más tarde, regresé al cine para ver "Sleepy Hollow" y hasta ahí fue cuando me di cuenta de la existencia de este cineasta y de la conexión que había venido teniendo su estilo y mi gusto. ¿Demasiada casualidad? Lo cierto es que me hice su seguidora (y de verdad, no como los emos que han hecho de Jack Skelleton una moda). A partir de entonces me propuse seguir la trayectoria de Burton y así me encontré con todo un repertorio fascinante: los cortometrajes “Vincent” y “Frankenweenie” (versión perruna de Frankenstein), “Ed Wood”, “Big fish”, “Charlie y la fábrica de chocolate”, las más recientes “The Corpse Bridge” y “Sweeney Todd”, los cuentos de “La melancólica muerte del Chico Ostra”: El chico momia, El chico robot, La niña con muchos ojos, La chica vudú, Carboncillo, Nino: el horroroso niño pingüino, El chico mancha…todo un universo de freaks y personajes marginados, historias extrañas de seres aún más extraños, solitarios y extravagantes en los que prevalece la melancolía, un sentido del humor inconfundible y la fantasía.
El trabajo de Tim Burton es una mezcla entre la ternura y el terror, el humor negro y lo rosa de un cuento, entre el ensueño de los dibujos animados y el cine de clase B, único e incomparable, solo él es capaz de hacer llorar con la historia de un joven con tijeras en vez de manos y reír con un montón de monstruos robándose la navidad.
El primer contacto que tuve con la obra de Tim Burton fue más o menos por el ‘93, que fue cuando se desató la fiebre del hombre murciélago gracias a sus cintas “Batman” y “Batman Vuelve”. Por aquel tiempo, mi hermano y yo coleccionábamos las figuras de acción y nos gastábamos nuestros domingos en comprar las estampitas del álbum de Batman. Cuando mi papá nos llevó a ver las películas al cine, yo salí tan emocionada que después de haber visto la última, alucinaba pensando que en cualquier momento podía salir el Pingüino con todo y su patomóvil de alguno de los oscuros túneles de la cuidad de México. Desde ese momento quede enamorada de la estética seguida por las películas de Tim Burton, claro esta que a los escasos siete años que tenia en ese entonces no tenía ni idea de quién había hecho aquel largometraje, sin embargo, fue un estilo que me engancho por completo.
Coincidencia o no, años más tarde, cuando ya vivía en Durango, ví otra más de Burton: “La gran aventura de Pee-Wee”. Después vinieron “Beetlejuice”, “Mars Attacs!”, “Edward Scissorhands”, y en la Navidad del ’99, mi favorita: “Pesadilla antes de Navidad”. Años más tarde, regresé al cine para ver "Sleepy Hollow" y hasta ahí fue cuando me di cuenta de la existencia de este cineasta y de la conexión que había venido teniendo su estilo y mi gusto. ¿Demasiada casualidad? Lo cierto es que me hice su seguidora (y de verdad, no como los emos que han hecho de Jack Skelleton una moda). A partir de entonces me propuse seguir la trayectoria de Burton y así me encontré con todo un repertorio fascinante: los cortometrajes “Vincent” y “Frankenweenie” (versión perruna de Frankenstein), “Ed Wood”, “Big fish”, “Charlie y la fábrica de chocolate”, las más recientes “The Corpse Bridge” y “Sweeney Todd”, los cuentos de “La melancólica muerte del Chico Ostra”: El chico momia, El chico robot, La niña con muchos ojos, La chica vudú, Carboncillo, Nino: el horroroso niño pingüino, El chico mancha…todo un universo de freaks y personajes marginados, historias extrañas de seres aún más extraños, solitarios y extravagantes en los que prevalece la melancolía, un sentido del humor inconfundible y la fantasía.
El trabajo de Tim Burton es una mezcla entre la ternura y el terror, el humor negro y lo rosa de un cuento, entre el ensueño de los dibujos animados y el cine de clase B, único e incomparable, solo él es capaz de hacer llorar con la historia de un joven con tijeras en vez de manos y reír con un montón de monstruos robándose la navidad.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada